13 junio, 2021

Animales en la Constitución: un fraude para los Derechos Animales

Debido a la cantidad de gente que ha pedido mi opinión sobre la campaña Animales en la Constitución, y el contexto del proceso constituyente en Chile, he decidido publicar un análisis y denunciar el fraude de la Fundación Derecho y Defensa Animal.

La fundación ha impulsado la campaña Animales en la Constitución; que tiene por objetivo incluir a los demás animales en la nueva carta magna. El objetivo de la campaña es proteger los intereses fundamentales de todos los animales con capacidad de sentir, teniendo en consideración tres elementos para otorgar una protección efectiva: el reconocimiento de la individualidad de los demás animales, el deber estatal en la protección y cuidado, y finalmente la consideración de la capacidad de sentir; que supone el reconocimiento expreso del valor inherente o intrínseco del resto de animales.

¿Es un progreso moral incluir a los demás animales en una eventual nueva Constitución?

No existe evidencia que a través de cambios constitucionales, jurídicos o normativos, los intereses de los demás animales puedan ser resguardados. No tiene ningún sentido, porque todos los animales no-humanos están sometidos a un estatus de propiedad, es decir, legalmente son propiedades de los seres humanos. Las propiedades no pueden tener derechos, pues son exclusivos de los individuos reconocidos como personas. Los intereses del resto de animales estarán siempre supeditados a los intereses de sus propietarios, es lo que conocemos como esclavitud. Los esclavos no pueden tener derechos consagrados ni reconocidos por ningún ordenamiento jurídico.

No debemos confundir la noción de «Derechos Animales» y «Derecho Animal», pues no son lo mismo. La primera noción corresponde a una filosofía que establece que todos los animales con capacidad de sentir, tienen derechos morales que deben ser respetados por los agentes morales (los humanos adultos). El primer derecho fundamental y condición previa para tener más derechos: es el derecho a no ser tratado como propiedad. La segunda noción es un concepto jurídico que regula la explotación animal, y es usado erróneamente de forma equivalente con la Filosofía de los Derechos Animales. Las regulaciones no son derechos ni pueden serlo. Un derecho es una protección o barrera a un determinado interés, por ejemplo: existe el interés por vivir y está protegido por el derecho a la vida.

¿Por qué la campaña es un fraude en términos éticos?

Un fraude en el ámbito ético es un engaño que elude una verdad moral, es decir, es una falsedad que tiene la apariencia de corresponder con la ética. La campaña Animales en la Constitución es un fraude moral, porque no implica ningún reconocimiento ni protección real de los Derechos Animales, pues la Constitución no puede considerar ni proteger los intereses fundamentales de los demás animales. Mencionar la noción de Derecho Animal y Derechos Animales de forma equivalente, es faltar a la verdad, pues pertenecen a categorías diferentes.

Lo que pretenden este tipo de campañas no es garantizar ni proteger los derechos de los animales, sino ratificar su capacidad de sentir, con el objetivo de implementar normas más eficaces que regulen la explotación animal. En palabras del abogado y asociado de la propia Fundación, Jean Menanteay, señala: “La gente tiende a pensar que a través de estas iniciativas no podrá, por ejemplo, consumir más carne, pero eso no es así”. La inclusión de los animales en la Constitución apunta a mejorar los estándares de las empresas ligadas al consumo, desde las formas en que los animales son transportados y faenados, así como los requisitos sobre cómo deben vivir.

Las campañas que regulan o prohíben determinados tipos de explotación animal, son contraproducentes e inmorales. Son contraproducentes porque no afectan el estatus de propiedad de los demás animales, sino que legitiman ese estatus y lo prolongan en el tiempo (explotación eficiente). La regulación implica continuidad o mejoramiento de una actividad, no su abolición. Y, por último, las regulaciones son inmorales porque violan el principio de igualdad, pues si extrapolamos el mismo escenario en el contexto humano, no haríamos regulaciones a la esclavitud humana ni trataríamos la injusticia de manera parcial.

El problema de fondo

Los demás animales son explotados porque vivimos en una sociedad especista, que los considera como meros recursos o mercancías para satisfacer intereses humanos. Es un problema de educación y de adoctrinamiento social, que sólo puede ser combatido por la misma educación.

Si queremos abolir la explotación animal, entonces debemos enfocar nuestro esfuerzo y tiempo en la educación vegana, para que exista una masa o un porcentaje considerable de veganos que desestabilice la explotación animal institucionalizada, y exija abolir la propiedad animal. La educación vegana debe ser la piedra angular que elimine la mentalidad especista que predomina en nuestra sociedad.

03 junio, 2021

Ideologías en el ámbito animalista



Existen tres tipos de ideologías que predominan en el ámbito animalista: bienestarismo, neo-bienestarismo y abolicionismo. En este ensayo pretendo hacer un breve análisis de cada una de ellas, y concluir cuál ideología deberíamos adoptar en la defensa de los Derechos Animales.

Evolución del pensamiento moral sobre los demás animales

La cuestión de los Derechos Animales es un tema controversial en el mundo occidental, pues existen opiniones divididas y una serie de movimientos que sostienen ideologías diferentes. No es un tema moderno o contemporáneo, pues se remonta incluso desde la filosofía antigua, exponentes como Pitágoras, Porfirio, Plutarco y Theopastrus. En la Edad Moderna el pensamiento moral sobre los animales empieza a evolucionar y es abordado por distintos filósofos, como Emmanuel Kant, John Locke y Arthur Schopenhauer.

La cultura occidental antes del siglo XIX no reconocía que los animales fueran sujetos de consideración moral, pues se creía que eran máquinas con movimiento hechas por Dios (sin alma), sin ninguna facultad de sentir o pensar. El primer filósofo de la Edad Moderna que se opuso a esa creencia fue Emmanuel Kant (1724 – 1804), quien reconocía la capacidad de sentir en los animales, pero negaba que la humanidad tuviera alguna obligación moral directa con ellos. Kant afirmaba que los animales sólo existen como medios para nuestros fines, a diferencia de los seres humanos que son fines en sí mismos, y no deberían ser usados exclusivamente como un medio para satisfacer intereses ajenos. En su libro “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, sostenía que únicamente los humanos tienen valor moral inherente; porque pueden razonar, ser conscientes de sí mismos y reflexionar sobre las normas morales.

La revolución en el pensamiento moral sobre los animales surgió en el pensamiento filosófico del utilitarista Jeremy Bentham (1748 – 1832), quien sostuvo en su libro “The Principles of Morals and Legislation” que la humanidad sí tenía una obligación moral directa con los animales. Su famosa frase: “La cuestión no es ¿pueden razonar? o ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?” generó un cambio de paradigma, porque se reconocía que los animales tenían el interés en no sufrir o evitar el daño. Las ideas de Bentham fueron recogidas por el filósofo utilitarista Peter Singer (1946), que las afinó en su libro “Liberación Animal”. A pesar de que Singer es conocido como un referente de los Derechos Animales, su postura es opuesta a la ética de derechos, pues se basa en el utilitarismo. Su filosofía sostiene que no hay problema moral en explotar animales o incluso matarlos, porque en su opinión no tienen un interés genuino en seguir existiendo (a diferencia de los humanos), sino que únicamente quieren evitar el sufrimiento. Por tanto, Singer establece una jerarquía moral: los intereses de los humanos tienen un lugar privilegiado frente a los intereses de los demás animales.

Tom Regan (1938 – 2017), fue un filósofo y profesor de Filosofía estadounidense. Es autor de cuatro libros sobre la filosofía de los Derechos Animales, el más influyente y revelador fue el libro “The Case for Animal Rights”, porque adopta una postura absolutista y deontológica de Kant sobre la ética, pero realiza una crítica a la suposición de que sólo los seres racionales tienen valor moral y merecen respeto moral absoluto. Regan objeta esa suposición, afirma que el estatus moral no depende de la capacidad de razonar, de comprender las normas morales o de tener una idea sobre el valor inherente, sino de la capacidad de ser un “sujeto de una vida”, es decir, un ser que tiene deseos, una vida emocional, creencias, sentido del futuro, propósitos y una entidad propia a lo largo del tiempo. Pero finalmente Regan establece un tipo de jerarquía moral, pues lo fundamenta en una supuesta capacidad de experimentar más satisfacciones futuras en los humanos, por tanto, al igual que Singer privilegia a los seres humanos sobre el resto de animales.

El gran giro en el pensamiento moral sobre los animales surgió en el trabajo e investigación del profesor y abogado estadounidense Gary Francione (1954), quien postula un enfoque absolutista y deontológico que prescinde de las jerarquías morales; señala que la capacidad de sentir o la sintiencia es el único criterio relevante para el estatus moral, sin importar la capacidad de raciocinio o de experimentar más sucesos satisfactorios en el futuro. Francione comparte al igual que Kant y Regan el valor inherente, pero lo extiende a todos los seres con capacidad de sentir; si un ser es sintiente, entonces tiene un valor moral absoluto.

Francione postula que todos los animales con capacidad de sentir, deben ser tratados moralmente de manera igual; sus intereses básicos o relevantes deben ser considerados al mismo nivel, pues son los mismos intereses, aunque se den en individuos diferentes. El enfoque que postula Francione en la capacidad de sentir y en un único derecho absoluto: el derecho a no ser tratado como propiedad.

Tres movimientos: tres ideologías

En las definiciones siguientes me baso en los libros de Gary Francione y en su blog personal, donde explica las diferencias significativas entre la teoría y la supuesta práctica de los Derechos Animales.

El bienestarismo es una ideología consecuencialista que tiene sus orígenes en los postulados del filósofo utilitaria Jeremy Bentham (es un derivado del utilitarismo). Los bienestaristas creen que los humanos tienen un deber moral de no infligir sufrimiento innecesario a los demás animales, pues reconocen en ellos el interés de evitar el sufrimiento o el daño. Por tanto se preocupan por las condiciones o la forma en que se lleva a cabo el uso de animales. Ejemplo de bienestarismo son las campañas que buscan regular la explotación animal por medio de políticas públicas de bienestar animal: mejoramiento de jaulas, transporte, sacrificio, entre otros.

Existe una variante del bienestarismo clásico conocido como neo-bienestarismo, son los nuevos bienestaristas que postulan que el fin de su movimiento es la abolición de la explotación animal, pero los medios o estrategias que utilizan son de corte bienestarista. Un ejemplo de neo-bienestarismo son las campañas monotemáticas de la famosa organización Peta: People for the Ethical Treatment of Animals, que buscan prohibir determinadas formas de explotación animal (rodeo, zoológicos, circos con animales,) por medio regulaciones. Para los abolicionistas resulta contraproducente, injusto y contradictorio, por las razones siguientes:

Las campañas monotemáticas son contraproducentes porque no afectan el estatus de propiedad que padecen los animales, sino todo lo contrario. La regulación implica continuidad o mejoramiento de una actividad, no su abolición. Por ejemplo: se prohíbe el rodeo en Chile, pero no afecta el estatus de propiedad de esos animales, pues seguirán siendo explotados en otros ámbitos o actividades. Una prohibición a un determinado uso de los animales no implica el reconocimiento expreso de los Derechos Animales, sino una manera más eficiente de explotarlos. Las campañas monotemáticas son inmorales en sí mismas, porque violan el principio de igualdad; si extrapolamos el mismo escenario en el contexto de los humanos, nadie en su sano juicio apoyaría las regulaciones a la esclavitud humana ni trataría la injusticia de manera parcial. Cuando se trata de Derechos Humanos somos absolutistas. Y, por último, las campañas monotemáticas son contradictorias, porque no hay coherencia entre los fines y los medios. Para entender mejor este punto, tomaré el siguiente caso que ejemplifica la contradicción de medios y fines: el discurso de Barack Obama sostenía que debíamos abogar por la paz, pero en la práctica se utilizó la guerra como medio para conseguir ese fin. ¿Cómo es posible conseguir la paz por medio de la guerra? La guerra no es compatible con la paz, son opuestos, es una contradicción entre fines y medios. Del mismo modo, los bienestaristas se contradicen al postular que su fin es la abolición de la explotación animal, pero utilizan como medio reformas o regulaciones a la explotación animal. Un sin sentido.

Abolicionismo

Por último, tenemos la ideología abolicionista propuesta por Gary Francione como una necesidad de compromiso y coherencia si los animales importan moralmente. Es una extensión de la postura abolicionista surgida en Inglaterra en el siglo XVIII, que tenía por objetivo eliminar el estatus de propiedad que padecían los esclavos negros, y por tanto abolir su condición de propiedad. El abolicionismo se diferencia de manera radical y está al otro extremo de las dos primeras, pues es partidaria de una ética deontológica de derechos morales o inalienables que tienen los animales con capacidad de sentir. Se postula que debemos rechazar la explotación animal en sí misma, independiente del trato o las condiciones en que se lleve a cabo. El enfoque abolicionista se basa en principios universales como el principio de igualdad; no hay razón moral que justifique excluir al resto de animales de la consideración moral, pues ellos tienen un interés genuino en seguir existiendo, evitar el daño y en ser libres.

El enfoque abolicionista propuesto por Gary Francione, tiene seis principios primordiales:

1. Los demás animales tienen el derecho a no ser tratados como propiedades de los humanos.

Es un derecho fundamental o requisito para la posesión de otros derechos reconocidos, porque las propiedades o cosas no tienen derechos ante la ley, sólo sus dueños los tienen. Todos los animales (no-humanos) del mundo están sometidos a un estatus de propiedad, bajo la ley son cosas o recursos que están a disposición de los humanos. Ese estatus no permite que sus intereses sean considerados en el ámbito legal, y además se protege a través del derecho de propiedad, que es un derecho que tienen los dueños sobre sus propiedades.

2. Las campañas de reformas de bienestar animal y las campañas monotemáticas son moralmente objetables y en la práctica ineficaces.

Se aplica el principio de igualdad; si estamos de acuerdo que no es moralmente aceptable regular la esclavitud humana, porque viola la dignidad de los humanos e implica tratarlos como cosas, entonces por la misma razón es objetable si las víctimas son otros animales. La especie es irrelevante.

3. El veganismo es un imperativo moral y la educación vegana creativa y no violenta, debe ser la piedra angular de la defensa racional de los Derechos Animales.

Si los demás animales tienen el derecho a no ser tratados como propiedades, entonces no podemos justificar moralmente usarlos o tratarlos como mercancías para nuestros fines. Si no somos veganos, entonces seremos partícipes de la explotación animal y estaremos violando su derecho fundamental a no ser tratados como propiedades.

En palabras de Francione:

“Si los animales importan moralmente, entonces ser vegano no es una opción sino una necesidad. Es un imperativo moral. Si no eres vegano, estás participando directamente en la explotación de animales”.

La educación vegana es el tratamiento racional al especismo, que es la causa de la explotación animal. Los abolicionistas identifican la raíz del problema (especismo) y proponen un tratamiento objetivo y coherente (educación vegana).

4. La única característica o facultad para que un animal tenga el derecho fundamental de no ser tratado como propiedad, es la capacidad de sentir. La cognición o el grado de raciocinio es irrelevante, porque no interfiere en los intereses de los animales ni en su propio valor moral.

5. Se reconoce la relación inextricable (difícil) entre los derechos humanos y los derechos animales. Rechazamos el especismo porque excluye a los demás animales del universo moral y legal a causa de la especie, el cual es un criterio irrelevante, al igual que el racismo o el sexismo. Se trata de justicia elemental, no hay coherencia ni sentido si nos oponemos a una determinada discriminación arbitraria, pero al mismo tiempo somos partícipes de otras.

6. La adopción de la no-violencia en el movimiento por los Derechos Animales. El problema con el que estamos lidiando no va a ser solucionado con violencia, la violencia trae más violencia.

Conclusión

No podemos escapar o alejarnos de la ideología, pues todas las posturas e incluso el ámbito de la ciencia se basan en un sistema de ideas. Para alejarnos de la ideología tendríamos que alejarnos de las propias ideas, pero esto no es posible. Por tanto nos queda elegir si la ideología adoptada se basará en prejuicios y errores, o se basará en hechos empíricos y en la lógica. Por muy perniciosa, irracional e incoherente que pueda ser una ideología en concreto, no es propio del concepto mismo. Una ideología que se base en la razón, en la lógica y en los hechos, puede dar lugar a ideas justas y racionales.

Si analizamos los fundamentos del abolicionismo, éstos se basan en hechos empíricos y en la razón. Primero, el hecho empírico de la sintiencia no se considera de manera parcial como lo hace el bienestarismo, que sólo reduce la cuestión moral al mero sufrimiento. Los animales (incluyéndonos) tenemos otras sensaciones e intereses, además de sentir dolor y evitar el daño. Segundo, se teoriza acerca de las causas de la explotación animal y sus soluciones. Tercero, existe coherencia de principios y se aplica tanto a los medios como a los fines. La ideología del abolicionismo resulta ser justa, racional y objetiva. Es justa porque se basa en el principio de igualdad y en el respeto al valor inherente de los individuos. Es racional porque se basa en evidencias empíricas, históricas, en la razón y en la lógica. Es objetiva porque reconoce la causa de la explotación animal (especismo) y aplica una solución que corresponde (educación vegana). El veganismo debe ser la base de cualquier campaña o proyecto que pretenda defender sus derechos, pues como principio se opone a la explotación animal. Sin veganismo, es como defender los derechos humanos y aceptar la esclavitud humana.

Bibliografía complementaria

Terry Eagleton. (1997). Ideología, una introducción. Barcelona, Buenos Aires y México: Paidós.

Tom Regan. (1980). Derechos Animales, Injusticias Humanas.

Tom Regan. (2004). Derechos Animales y ética medioambiental.

Gary Francione. (1996). Rain without Thunder: The Ideology of the Animal Rights Movement. Philadelphia: Temple University Press.

Gary Francione. (2000). Introduction to Animal Rights: Your Child or the Dog. Philadelphia: emple University Press. (Páginas: 24 en adelante)

Gary Steiner. (2011). The Differences Between Singer, Regan, and Francione. For The Abolitionist/VeganUK.net