19 junio, 2022

Racismo. ¿Herencia colonial o explicación naturalista?



Introducción

A pesar de la historia de violencia, esclavitud, discriminación y muerte a causa del racismo, no lo hemos superado del todo. Según estudios de la Amnistía Internacional y la ONU, la discriminación racial es un problema que aún prevalece en el mundo, y que se manifiesta en diversos escenarios de la vida pública. Escenarios como el ámbito escolar, espacios de liderazgo, cargos de elección popular, detenciones arbitrarias de la policía, hacen que la mayoría de las personas que pertenecen a un grupo racial se sientan discriminadas, con pocas oportunidades de desarrollo personal y progreso laboral.

En la actualidad se denuncia con frecuencia el racismo en Europa y como continente precursor y exportador del racismo doctrinario durante los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, el racismo ha existido con anterioridad en América (América prehispánica y precolombina). Si esto es verdad, entonces el racismo no puede ser una herencia colonial o producto de la globalización, sino una tendencia genética en la naturaleza humana. Para respaldar mi tesis será necesario explorar el prejuicio: sus causas primeras y porqué existe en los rincones del mundo con tanta facilidad, a pesar de las campañas educativas. 

Existen diversas campañas educativas o de concientización que tienen por objetivo eliminar la discriminación racial. Sin embargo, el prejuicio sigue enraizado en la sociedad. Esto se debe a que existe una tendencia biológica a discriminar a las personas diferentes, así lo demuestran las diversas investigaciones que se han realizado en algunas universidades y equipos de estudio en el área de la psicología. 

El prejuicio del racismo: una discriminación arbitraria

Un prejuicio es una idea u opinión preconcebida sobre alguien o algo, es decir, es una evaluación que no implica reflexión ni análisis que cuestione su veracidad o falsedad. El problema moral surge cuando los prejuicios están dirigidos hacia a las personas, pues en la mayoría de los casos desencadenan en discriminaciones arbitrarias, que tienen su motivación en la ignorancia o en el adoctrinamiento cultural. 

No toda discriminación en sí misma es arbitraria, por ejemplo: contratar un profesor de matemáticas y no hacerlo con alguien que no esté calificado. En este caso la discriminación está justificada y no es arbitraria, porque existe una persona que está capacitada para el trabajo. La discriminación arbitraria ocurriría si ambos están capacitados para enseñar, pero uno de ellos es tratado o considerado de manera diferente, en función de una característica irrelevante como la raza, el sexo o la orientación sexual. 

¿Cuál es el problema moral que tienen las discriminaciones arbitrarias?

En un sentido moral, la igualdad consiste en reconocer, asumir y respetar de forma igual las características o facultades que son iguales en los individuos. Es un principio en ética que establece que los individuos y sus intereses deben ser tratados de manera igual (al mismo nivel), porque son los mismos intereses aunque se den en individuos diferentes. Por lo tanto, son las discriminaciones arbitrarias que violan la igualdad moral, porque no existe una razón moral que justifique un trato diferente a los individuos involucrados. 

Concepción de racismo

El concepto de raza es válido si es usado en ámbitos del conocimiento, por ejemplo: en la ciencia. El problema radica en considerar el concepto como un ente real y hacer distinciones o jerarquías morales en base a clasificaciones científicas. Clasificar a los humanos en función de su raza, biología o genética, no es racismo. El problema es creer que la raza determina la consideración o exclusión de los individuos en la comunidad moral. 

El racismo es un prejuicio que excluye moralmente a los humanos en función de la raza, es decir, es una discriminación moral (arbitraria) que puede estar motivada por la cultura o el adoctrinamiento social. Por ejemplo: la idea de que la raza negra es inferior y que no tienen los mismos derechos que la raza blanca. El racista cree que los intereses de otros sólo importan si resultan ser miembro de la raza a la que él pertenece, y atribuye un significado moral, social y político a las razas: la noción de que los rasgos raciales determinan la consideración moral y la inclusión sociopolítica. 

Según el lingüista y filósofo, Tzvetan Todorov, en su libro “Nosotros y los otros: reflexión sobre la diversidad humana”, existen dos tipos de racismos que se usan para referirse a dos fenómenos vinculados pero diferentes; el racismo como comportamiento y el racismo como ideología. El racismo como comportamiento o visceral – según Todorov – no es teórico, no es capaz de justificar ni fundamentar su comportamiento. Se trata de un comportamiento antiguo que la mayoría de las veces está constituido por el odio y menosprecio a las personas que poseen distintas características físicas. En cambio, el racismo ideológico (conocido como racialismo) posee un conjunto de proposiciones que forman una doctrina. Un ejemplo de racialismo fue la ideología racista de los nazis; ellos creían que las actitudes, características, comportamientos y habilidades estaban determinados por la raza y se transmitían de generación en generación.

Una separación radical entre teoría y práctica sería un error categorial, pues ignora el entrelazamiento esencial entre conocimiento y acción. Por lo tanto, la diferencia que hace Todorov entre racismo como comportamiento y racismo ideológico es sutil. No son identidades diferentes, porque en ambas implica una idea previa a la acción o conducta. El comportamiento racista no puede darse de manera automática, sin una mentalidad o idea previa que motive la conducta racial. El racismo ideológico sería una parte más elaborada de la mentalidad racista, pues intenta justificarse en supuestas jerarquías biológicas o axiologías raciales con pretensiones científicas.

Factor biológico

Después de la Segunda Guerra Mundial, algunos filósofos creyeron que las refutaciones científicas a las teorías racistas serían suficientes para superar el racismo. Sin embargo, a pesar de las campañas de concientización y educación, el racismo se esparció y se materializó en las instituciones.

¿Cómo es posible que el racismo persistiera hasta el día de hoy, a pesar de las campañas de educación y las reiteradas refutaciones científicas a la supuesta jerarquía biológica?

El racismo y en general la existencia de las discriminaciones arbitrarias, no tienen un origen puramente cultural o educacional, sino también un factor biológico predominante. Existe una gran cantidad de evidencia que respalda la conclusión de que existe una influencia genética en la conducta, incluso aquellas que dividen a los seres humanos en grupos (en función de rasgos físicos, culturales) y tienden a favorecer a los miembros. La aversión al extraño está enraizada en nuestra fisiología, pero no es una tendencia determinista. La tendencia puede ser reeducable, sí es canalizada por medio de la cultura o la educación.

Este conocimiento nos serviría para comprender y explicar (no para justificar) el racismo y otras conductas discriminatorias (especismo, sexismo, homofobia, entre otros). 

Racismo en la Edad Antigua

Desde el principio de los tiempos el ser humano ha manifestado rechazo y desprecio por las personas diferentes, incluso con miembros del mismo grupo étnico. El rechazo a lo extraño es una tendencia inherente a nuestra naturaleza, que ha originado diversas discriminaciones arbitrarias hacia individuos que no cumplen con las características o cualidades preferidas.

Sí bien el concepto racismo es un concepto moderno, que está asociado al racialismo (racismo ideológico o doctrinario), también existe y existió en su forma más primaria.

Algunos ejemplos de racismo primario:

  • En el antiguo Egipto se esclavizaban a los nubios, porque se consideraba que su color de piel era inferior.
  • En Roma se capturaban prostitutas y esclavos, que provenían de lugares lejanos, exponiéndolos como seres exóticos en zoológicos humanos.
  • En la India cuando fue conquistada por los Arios, se aplicaba un sistema de castas para evitar el mestizaje con los aborígenes.
  • Los espartanos aplicaban leyes raciales con el objetivo de mejorar el sustrato racial.

Racismo en América prehispánica y precolombina

El racismo no sólo queda reflejado mediante la expresión conceptual de las palabras, sino también a un nivel más primitivo mediante tradiciones orales estereotipadas en forma de mitos. 

Algunos ejemplos:

  • Un mito central en las tres grandes civilizaciones antes de la llegada de los españoles, señalaba como superiores y dignos de gobernar a los hombres de raza más blanca. Se formaron sistemas de castas privilegiadas; razas más blancas de señores, que provenían de lugares más nórdicos o elevados.
  • Se sabe que en México Prehispánico los dominantes eran más claros, la piel clara estaba valorizada como una señal de nobleza.
  • Durante la época prehispánica en Guatemala, existían indígenas que consideraban a otros como inferiores, y luego de la conquista española se desarrolló una discriminación hacia el indígena guatemalteco, que eran llamados “indios”. El lenguaje racista aún predomina en Guatemala, aún se dirigen a los indígenas y garífunas como “indios y negros”.

Sí el racismo existía con anterioridad a la invasión y colonización española, entonces no puede ser una herencia colonial ni producto de la globalización. Lo razonable sería pensar que el racismo ideológico de los europeos ayudó a profundizar o reforzar la mentalidad racista, que ya existía con anterioridad en América.

Educación moral; la solución objetiva y racional al problema del racismo

La banalidad del mal

Sí bien la tendencia biológica nos motiva a agruparnos y dividirnos en función de ciertas características o facultades, también hay evidencias que los humanos tenemos un sentido moral innato a nuestra naturaleza. Los estudios señalan que la moralidad tiene un origen biológico y evolutivo, que aparece en los seres humanos y en otros animales. Ambas tendencias pueden prosperar o una puede anularse, dependiendo de la educación y el contexto social.

Los humanos que discriminan a otros en función de la raza, especie, sexo, orientación sexual u otra característica irrelevante, no son malas personas o tienen una maldad inherente. Fueron adoctrinados en una cultura que normaliza la violencia y la discriminación arbitraria. Mediante la educación nos inculcan los prejuicios y hábitos de conducta, que configuran nuestra forma de pensar y actuar con los demás. Un ejemplo que ilustra esta situación es el caso de Adolf Eichmann, que expuso la filósofa Hanna Arendt en su libro “Eichmann en Jerusalén” y el concepto de Banalidad del mal; que explica que algunos individuos pueden cometer injusticias y ser personas normales (sin poseer trastornos o rasgos de psicopatía), incluso ser personas empáticas y justas con los miembros del grupo étnico al que pertenece.

La educación moral

La primera educación que recibimos ocurre en la niñez, nos inculcan una serie de creencias de cómo ver el mundo y a los seres que lo integran. Cuando las ideas se instalan desde la temprana edad, es más difícil erradicarlas en la adultez, pues solemos aferrarnos a las creencias más antiguas que han moldeado nuestra vida y participación en la sociedad; reaccionamos con rechazo u hostilidad cuando alguien cuestiona nuestra manera de pensar o ver el mundo. Es por ésta razón que cuando cuestionamos ciertas actitudes o pensamientos prejuiciosos que llevan más tiempo arraigados, algunos individuos reaccionan de esa manera.

Las sociedades del planeta están experimentando profundas transformaciones y ello exige un cambio en la educación que estamos impartiendo, sobre todo en temas relacionados a los Derechos Humanos y la dignidad de los seres sintientes. La mayoría de las políticas públicas se centran en acciones correctivas, reformas constitucionales y legales, con el objetivo de eliminar la injusticia. Pero son medidas que no resuelven el problema de fondo, sino que tratan las consecuencias o síntomas del problema. Un claro ejemplo de aquello son las acciones correctivas a la delincuencia: el aumento de la fuerza policial y la intensidad en las sanciones, no impide que el delito siga cometiéndose.

¿Qué tipo de educación podría solucionar el racismo, y en general las discriminaciones arbitrarias?

Me refiero a la educación moral en dos ámbitos: colectiva e individual. La colectiva sería aquella que consiste en concienciar a los demás sobre los principios fundamentales que rigen la ética, por ejemplo: el principio de igualdad y el respeto moral a la persona. Esto implica hacer activismo educacional, con la aplicación de diversos métodos que ayuden a facilitar el ejercicio de la empatía y el sentido de justicia. La educación moral individual consistiría en la propia autorregulación moral: la aplicación de la autocrítica, el pensamiento crítico a nuestras ideas, la voluntad por la capacidad reflexiva y crítica de la información. 

La educación que propongo no es común en el plano familiar y tampoco escolar, pues nos dicen que debemos respetar a las personas, pero no nos explican las razones ni motivan un móvil real de justicia. Además suele haber cierta arbitrariedad en el respeto a las personas, nos guiamos por la inercia social o cultural, pero no por la ética propiamente tal. Sí esto fuera así, entonces tendríamos que incluir a otros individuos marginados que pocas veces tienen la oportunidad de ser visualizados, por ejemplo; los demás animales.

Conclusión

El racismo comúnmente se define como un fenómeno de la modernidad y una herencia colonial en Latinoamérica. Pero el racismo ya existía en América prehispánica y precolombina, además posee una predisposición genética en los seres humanos. Por lo tanto, el racismo no puede ser puramente una herencia colonial, sino una profundización de la mentalidad discriminatoria que existía con anterioridad. Tampoco es un problema generado por la globalización, es un prejuicio que ha estado enraizado en la historia de la humanidad. Así lo demuestra la evidencia histórica, científica y psicológica.

El racismo existe con facilidad en el mundo por factores que son comunes en las sociedades humanas, entre ellos: la predisposición genética, el adoctrinamiento sociocultural y la falta de educación moral. La mayoría de los factores son de tipo social y tan sólo uno es de tipo biológico. Es por esto que las investigaciones insisten que a pesar de la predisposición biológica, no es una tendencia determinista, pues puede ser canalizado por medio de la cultura o la educación.

Educar es la clave

Para solucionar un problema de raíz, lo racional y efectivo es atender las causas que lo origina y no sus síntomas o consecuencias. Si por medio de la educación nos inculcan los prejuicios, entonces resulta razonable que por medio de la educación podemos eliminarlos. El progreso moral ocurre primero en nuestras mentes y luego se refleja en nuestras costumbres, hábitos y leyes. Por ésta razón la educación moral es la piedra angular para que haya un cambio de paradigma moral sobre las discriminaciones arbitrarias.

Bibliografía complementaria

José Santos Herceg. (2010). Immanuel Kant: Del racialismo al racismo. Thémata, 43, 14.

Peter Wade. (2000). Raza y etnicidad en Latinoamérica. Quito-Ecuador: Ediciones ABYA-YALA.

Thomas J. Bouchard. (2004). Genetic Influence on Human Psychological traits. American Psychological Society, 3, 4.

José María Soberanes Díaz. (2015). La evolución del principio de igualdad. En Historia y Constitución (36). México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Juan Manuel Sánchez Arteaga. (2007). La biología humana como ideología: el racismo biológico y las estructuras simbólicas de dominación racial hacia fines del siglo XIX. THEORIA, 23, 107-124

Gobineau Joseph-Arthu. (1915). Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas. Barcelona: Ediciones Apelo.

Martín Sagrera. (1988). Los racismos en las Américas: una interpretación histórica. España: IEPAL



18 junio, 2022

¿Por qué no debemos enfocar el activismo en mostrar imágenes violentas?


Sus defensores argumentan que es "efectivo" para que la gente se haga vegana. Veamos si esto es cierto:

La efectividad de algo es el efecto esperado o deseado para una determinada cosa. Mostrar violencia explícita puede ser efectivo desde el punto de vista del grupo (si esperan una reacción determinada), pero desde un punto de vista abolicionista no lo es. Enfocar nuestro activismo en la violencia gráfica difumina el mensaje abolicionista, pues estamos diciendo que el problema de fondo es el trato, y no el hecho mismo de usar a los demás animales para nuestros fines.

Difundir imágenes violentas o crueles no es educar sobre Veganismo y Derechos Animales, sino promover la idea básica del bienestarismo. El bienestarismo es una ideología consecuencialista que tiene sus orígenes en los postulados del filósofo Jeremy Bentham, y adoptado posteriormente por el filósofo Peter Singer. Los bienestaristas consideran que lo moralmente relevante es el "trato" o el "sufrimiento" que padecen los animales al ser explotados, pero no el hecho mismo de que sean tratados como mercancías para nuestros fines.

Falsa estrategia

Hay grupos y organizaciones que insisten en mostrar lo que "sucede" en las industrias de explotación animal, como si esto hiciera un cambio radical en la mentalidad de la gente. La explotación no se limita al nivel de la industria, sino que abarca cualquier uso que se haga de los animales. No es ningún secreto el asesinato y la violencia física/psicológica que padecen los animales no-humanos, es lógico que así sea, pues son tratados como meras mercancías y están sometidos a la propiedad. Todos los males que padecen no son el problema de fondo, sino consecuencia de su estatus de propiedad, y de la mentalidad especista que motiva su cosificación.

Si nos centramos en mostrar violencia gráfica estaremos entregando un mensaje de que el problema de fondo no es el uso de animales, sino el trato o la forma en que los explotamos. Ese tipo de activismo lo que consigue son alianzas o coaliciones entre los explotadores de animales y organizaciones, que es justo lo que está sucediendo en la actualidad. No es coincidencia que el mercado tenga un alza de productos con el sello de explotación feliz, pues los partidarios del bienestar animal defienden el derecho a esclavizar y asesinar animales para nuestros fines.

¿Qué sucedería si la industria se reinventa, y ya no podríamos apelar a las imágenes violentas?

Es lo que está sucediendo. Los explotadores de animales están buscando formas para que los animales no sufran y tengan buenas condiciones de bienestar. Es lo que están consiguiendo quienes apoyan este tipo de activismo.

Educar correctamente

No necesitamos mostrar imágenes violentas para educar sobre Veganismo y Derechos Animales, de la misma manera que no necesitamos mostrar imágenes de mujeres y niños abusados para educar sobre sus derechos fundamentales. Hay muchas maneras creativas, éticas y eficaces para educar sobre los Derechos Animales:

  • La aplicación del método socrático (diálogo socrático), es decir, la indagación o búsqueda de la verdad mediante el propio esfuerzo de la reflexión y el razonamiento de los interlocutores. Normalmente concierne a dos interlocutores, el primero lidera el diálogo por medio de preguntas, y el segundo asiente o rechaza las conclusiones de la discusión.

Podemos apoyar el diálogo con el uso de imágenes o videos que visibilicen la vida emocional y consciente de los animales no-humanos, además de reforzar valores como la libertad. Por ejemplo: videos de animales libres, que viven bajo sus propios términos.

  • Activismo educacional posicionando a las víctimas como nuestros iguales en el ámbito moral, es decir, como personas dignas de respeto. La cosificación de los animales no significa creer de forma literal que son cosas u objetos, sino tratarlos como si lo fueran.
El reconocimiento expreso de los animales como personas desafía la mentalidad especista que los cosifica, pues implica considerarlos como nuestros equivalentes en el ámbito ético.

Compartir sólo imágenes de violencia gráfica muestra la carencia de formación y habilidad para educar sobre Veganismo y Derechos Animales.

Es por medio del diálogo que podemos y debemos persuadir a otros en el veganismo, no por medio de la violencia gráfica. La mentalidad especista la combatimos haciendo uso de la razón, no de la compasión. La compasión no es más que sentir lástima o tristeza por la desgracia ajena, pero no implica ningún cambio de mentalidad que refleje un cambio radical en la conducta. Por el contrario, la empatía es un ejercicio de la razón que condiciona necesariamente el comportamiento moral; es un razonamiento que consiste en colocarnos imaginariamente en el lugar de otros individuos y sentir como si fuéramos ellos.

Debemos tener claro lo que significa veganismo y lo que implica ser vegano, pues no todo lo que se haga por los animales corresponde a asumir y comprender el veganismo. Esto es un error categorial frecuente y que sólo muestra la carencia de formación básica. Pondré el siguiente ejemplo:

"Me hice vegano/a al ver imágenes violentas o como sufren los animales o Dejé de consumir productos de origen animal al descubrir lo que sucede en las industrias"

¿Corresponde al veganismo? Claro que no. El veganismo es un principio ético de emancipación que libera a los demás animales del dominio humano, así fue definido de manera oficial en 1951. Ser vegano implica comprender y asumir el veganismo, para que eso suceda debe ocurrir un ejercicio de la empatía (que es un tipo de razonamiento), autorreflexión, asimilar los prejuicios y el adoctrinamiento cultural. También es necesario ejercer de manera intuitiva la duda metódica, con el objetivo de descubrir las verdades morales y empíricas, que no es posible acceder a ellas debido a la educación antropocéntrica que recibimos. Por lo tanto, no es verdad que alguien al ver imágenes violentas comprenda y asuma el veganismo,

Comprender y asumir el veganismo requiere de un proceso, información y activismo que guíe en la dirección correcta. Si alguien deja de consumir productos porque los animales sufren, no es veganismo, sino bienestarismo. El veganismo no trata sobre el sufrimiento ni el dolor, porque comprende que es una consecuencia del dominio que los humanos ejercen sobre el resto de animales. El veganismo tiene que ver con el rechazo del uso de animales. 

La gente no es estúpida

Hay una tendencia entre los defensores de los animales a creer que el público en general no es capaz de comprender los argumentos a favor del veganismo, y que debemos "ir de a poco". No estoy de acuerdo con esa forma de pensar, pues la historia nos muestra que la gente puede cambiar su mentalidad y comportamiento. Por lo tanto, no existe razón que justifique aplicar un criterio diferente en el activismo por los Derechos Animales. La educación moral es el arma más poderosa para combatir la injusticia, tenemos varios ejemplos históricos: la abolición de la esclavitud afroamericana, que fue posible gracias al activismo abolicionista (enfocado en la persuasión moral) de la época. El activismo no-violento por los derechos civiles de Martin Luther King, y el movimiento pacifista de Mahatma Gandhi. Numerosos ejemplos que muestran que el activismo no-violento y centrado en la raíz del problema, son efectivos y correctos para la justicia y la consideración moral de las víctimas.

No existe ejemplo o precedente histórico que muestre que la exposición de cuerpos mutilados, violados o abusados, dará tratamiento al problema de fondo. De hecho es contraproducente, pues genera el efecto contrario; la gente tiende a centrarse en lo superficial o en la forma del problema.

Si la sociedad no comprende ni asume el veganismo actualmente, es porque sencillamente el activismo no está enfocado en la educación vegana. La gente puede entender si explicamos con eficacia. 

No hablamos de física cuántica.